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Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

10 may. 2011

Seis Años

Gustav Schäfer se marcha de su ciudad de origen para ir en busca de su sueño más preciado: ser un músico famoso. En su travesía, deja en su hogar a su ser más querido: Su mejor amiga ¿Qué pasará cuando regrese después de seis años? ¿Todo volverá a ser igual?







—Mañana iremos a la disquera para firmar el contrato y después de eso… —el chico rubio calló y se encogió de hombros.

 —Te irás del país —completó la frase su mejor amiga.

 —Lo dudo —confesó—. No creo que alcancemos mucha fama, ¡por dios!, solo somos cuatro niños…

 —¡Con mucho talento! —le interrumpió—. Gustav, seamos realistas… no volverás —susurró dolida—. Pero está bien, te marcharás por una buena razón: alcanzar tus sueños —sonrió de medio lado—, y no importa cuánto te tome, no te rindas… que yo te apoyaré desde aquí —le hizo saber tomando su mano.

 —Christine, eres la mejor amiga que he tenido —le confesó entrelazando sus dedos —¿Crees que te voy a abandonar? O peor, ¿Crees que te voy a olvidar? ¡Por supuesto que no! Tarde o temprano regresaré solo para verte una vez más —le prometió—, y no llegaré con las manos vacías —aseguró.

 —Lo sé —dijo al imaginar que hablaba de los premios y reconocimientos que recibiría—, y yo esperaré ese día.

 Gustav, con la joven edad de 15 años, giró su vista hacia el reloj pulsera de su muñeca y para él mismo asintió y sonrió.

 —Dentro de 6 años regresaré y será en la misma fecha de hoy —le avisó volteando a verla— a esta misma hora: 7: 18 pm, ni un minuto más… ni un minuto menos. —Chris, como le decía aquel chico rubio, sonrió.

 —Y yo te esperaré en esta misma banca para ver a mi exitoso amigo.

 Un ruidoso clacson de un carro modelo no tan viejo, dejó escucharse. La joven pareja de amigos voltearon hacia el coche, Gustav se levantó y guardó sus manos en sus bermudas color beige.
—Me tengo que ir —musitó pateando una pequeña roca. Chris también se levantó, los dos no pronunciaron ninguna sola palabra: uno de ellos solo vio como los ojos de su amiga se aguadaban por las lágrimas que amenazaban por salir.

 —¡Suerte! —dijo al fin la chica balanceándose hacia sus brazos—. Demuéstrale a los demás cual baterista manda —Gustav no pudo evitar reír y asintió.

 —Recuerda, dentro de 6 años —le susurró en su oído para después depositar un beso sobre su mejilla—. Te quiero amiga.

 —Y yo a ti.

 El clacson se volvió a escuchar. Gustav se separó de su mejor amiga para brindarle otra y última sonrisa por ese día. Christine sólo lo vio correr hacia el auto de su padre, se encogió de hombros al ver que el coche se marchaba dejándola sola en ese solitario parque.

 —Recuerda tu promesa Gustav —susurró con un nudo en su garganta marchándose de ese lugar.
“…Tokio Hotel ha alcanzado los primeros lugares en listas de todo continente Europeo con su éxito ‘Durch Den Monsun’… Tokio Hotel se ha convertido en una de las bandas alemanas más importantes… Tokio Hotel lanza su segundo disco ‘Zimmer 483’… ‘¡Hola! Yo soy Bill y soy el vocalista, yo soy Tom y toco la guitarra, yo soy Georg y toco el bajo, y yo soy Gustav y toco la batería y juntos somos: Tokio Hotel’… El cuarteto alemán ha terminado por fin su gira ‘Welcome to Humanoid City’ que ha sido su tour más elaborado y extenso de toda su carrera, ahora les espera un gran descanso…”
Hola queridas tranquilas y enormes calles de Hamburgo. Han pasado 6 años desde que el chico rubio dejó su país de nacimiento para ir detrás de lo que se convertiría en una gran aventura para él, y ahora, volvió a sus orígenes para cumplir la promesa que le había hecho a su mejor amiga hace tiempo.

 Se quedó paralizado ante la puerta y ladeó su cabeza confundido: nada de lo que se encontraba en el exterior se le hacía familiar, mucho menos la fachada. Los garabatos que hicieron de niños sobre las paredes ya no estaban y sus nombres escritos en cemento frente la puerta habían desaparecido. La casa era más grande, habían reconstruido y la decoración no parecía de los gustos de la familia de Chris.

 Después de analizar todo eso, no tuvo más que tocar el timbre (ni siquiera el sonido era el mismo).

 —¡Ya voy! —gritó una voz femenina. Gustav se enderezó completamente al escuchar esa voz y un brillo en sus ojos se dejó ver detrás de sus gafas ¿Era ella? Era lo más seguro. Guardó sus manos en las bolsas de su chamarra esperando ver a quien más anhelaba todo este tiempo.
Las escandalosas llaves del otro lado de la puerta se dejaron escuchar, después, el sonido de la puerta hizo advertencia de que estaban a punto de abrirla. El corazón de Gustav comenzaba a acelerarse, la iba a ver… después de todo este tiempo, la iba a ver.

 —¿Si? —preguntó una muchacha. El chico rubio se encogió de hombros, no era ella.

 —Ahm… ¿esta no es la casa de la familia Windam? —preguntó Gustav rascándose su cabeza confundido.

 —Eh… lo era —le respondió la chica desconcertada—. Ellos dejaron de vivir aquí desde hace 4 años —terminó de decir apoyándose en la puerta— ¡Oh por dios! —gritó sorprendida y se dio un golpe en su frente— ¡Eres Gustav Schäfer, el baterista de Tokio Hotel! —el chico se ruborizó, siempre se ponía nervioso ante la reacción de sus fans.

 —Si, soy yo —contestó con timidez—. No sabes… ¿a dónde se mudaron? —la delicada muchacha morena frunció el ceño pensativa.

 —Realmente no lo mencionaron, lo siento —le respondió abrazándose a sí misma.

 —Oh, no hay problema —dijo el chico rubio dando una falsa sonrisa, su interior se estaba destruyendo.

 —Disculpa, ¿puedo tomarme una foto contigo? —preguntó con un leve color rosado en sus mejillas.

 —¡Claro!





Se encontraba solitario por las calles que en su niñez había recorrido con Christine una y otra vez: El cine, que ahora se encontraba abandonado, la cafetería, que ahora era una tienda de abarrotes, el lugar donde practicaban futbol que prácticamente era ya escombros. Su mejor amiga se había ido y se había llevado todos sus recuerdos con ella. Gustav se encogió de hombros y no dejó de deambular por esas calles solitarias hundiéndose en sus pensamientos y sentimientos: El gran baterista de Tokio Hotel, volvía a ser nadie en esa ciudad.

 —Cumplí mi promesa, aquí estoy —susurró triste— pero, ¿dónde estás tú? —preguntó para el mismo—. Mh… —detuvo su marcha al pasar por ese establecimiento, el único negocio de su infancia que había sobrevivido después de todos estos años.

Su interior volvió a despertar y una sonrisa se dejó ver nuevamente. Se acomodó los anteojos y entró a ese lugar anunciado por una campanilla que se encontraba arriba de la puerta.

 —Buenas Tardes Joven, ¿qué puedo mostrarle? —lo atendió un amigable anciano.





7:18 pm, ni un minuto más, ni un minuto menos. Gustav se encontraba puntual en aquella banca donde seis años atrás se había despedido de Christine. El canto de los grillos se dejó escuchar en aquél parque –Que para su sorpresa- estaba aún intacto, solo que, muchas hojas lo cubrían ya.
El chico rubio soltó un ansioso suspiro mientras jugueteaba con el pequeño objeto que se encontraba en la bolsa de su chamarra. El manto de las hojas comenzaban a quebrarse ante las pisadas de alguien, si, de Christine o mejor dicho, de Chris.

 —Tan puntual como siempre —saludó la muchacha sentándose a un lado de él.

 —Y fiel a mi palabra —agregó.

 —Sabía que ibas a cumplir tu promesa —sonrió y lentamente se acercó a él para quitarle sus gafas—. Sigues siendo el mismo Gustav del que me enamoré —confesó admirada.

 —Tú, sigues siendo Christine por fuera, pero por dentro, eres alguien mejor —y dicho esto se levantó— ¿Recuerdas que te dije que no llegaría a ti con las manos vacías? —ella asintió.

 —¿Qué enorme reconocimiento, disco de oro o premio me traes querido amigo? —preguntó impaciente.

 —No es nada de eso, o al menos, lo será hasta que tú me respondas —contestó apretando la pequeña cajita que se encontraba escondida en su chamarra.

 —¿De qué hablas? —preguntó confundida y se puso de pie.

 —Sólo regrese para saber esto: Chris Windam —y al pronunciar su nombre sacó la pequeña cajita negra y la abrió dejando ver una lujosa y enorme joya de compromiso en forma de corazón—. ¿Quieres ser mi esposa? —la chica sonrió y mientras sus ojos se llenaban de lágrimas le respondió:

 —Tuve que esperar 6 años para oírte decir eso… Sí, sí quiero ser tu esposa, quiero estar a tu lado el resto de mi vida quiero… quiero recuperar esos años sin ti, Te amo Gustav.

 —Y yo a ti Chris.
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Editado: Sábado 13 de Junio del 2013

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Pain Of Love II:
-¿Cuándo será la vez que nos veamos sin que estés en problemas? –Reí ante su pregunta.

-Sólo llevamos dos encuentros –Le respondí irónica.
-Y con eso me doy cuenta que eres una mujer muy…
-¿Torpe? –Pregunté alzando una ceja.
-Iba a decir distraída, pero creo que torpe también es una buena opción.




1 comentario:

  1. ¡Ohhhhhhhhhhhhh!

    Qe bonito!

    Creo q Gustav es el mas olvidado de todos.

    ¡Ya quiero leer Pain of love II!




    LA espero con ansias!!!



    Buen One Shot

    Besos

    S.K

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